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Alejandro.

martes, 19 de agosto de 2008

ENTREVISTA A A.M. EN LA JORNADA 18/8/08

■ Antes de aprender música, los jóvenes se preocupan por su apariencia, dice el ex caifán
Falta academicismo en el rock mexicano, asegura Marcovich

■ El guitarrista ofrecerá un curso integral desde este agosto

■ “Haré un zigzag superintenso entre conceptos. Es seguir un camino equivalente a chupar, a comer, probar; lo que hace un niño”

Arturo Cruz Bárcenas

“Desde hace muchos años en el rock en México hace falta más academicismo. Creo que muchos chavos tienen equivocado su enfoque hacia la música y se van por la superficialidad. Aprenden mucho antes qué ropa deben usar, cómo deben cortarse el pelo, qué actitud deben tener en el escenario y cómo deben menear la cabeza. Tienen más claro eso que cómo tocar correctamente su instrumento. No saben qué herramienta usar para llegar a ser como sus ídolos o héroes”, asesta el músico y productor Alejandro Marcovich, otrora guitarrista de la exitosa banda Caifanes.

Marcovich dijo a La Jornada que desde este 26 de agosto impartirá un taller integral de música. Aclaró: “No es un curso de rock ni de guitarra, no es de teoría musical; es todo. Es un bloque el cual haré un zigzag superintenso entre conceptos. Partimos al revés. Es seguir un camino equivalente a chupar, a comer, probar. Lo que hace un niño. La teoría musical está hecha por generaciones. Creo que el primer contacto con la música debe ser vivencial”.

Abundó: “La teoría musical debe ser un medio para acercarte a un Mozart, a un Bach, a un Zappa. Ellos mismos así lo hicieron con su pasado. La teoría musical no dice cómo hacer música; es un compendio de normas de uso. Hay que descubrir los mecanismos de las composiciones. Eso está en las obras maestras, ya sea de Mozart, de The Beatles, Bob Dylan… Es una comunicación orgánica con la guitarra, por medio de esa teoría”.

El músico insistió: “Siento que muchos jóvenes se acercan al rock y no ven más allá de sus narices. Les falta mirar para atrás y entender que esos héroes (del rock) tienen una genealogía: estudiaron”.

Hay que explorar vetas

Para Marcovich “el fin de aprender música puede ser desde comprender a Verdi en un conservatorio hasta entrar a una escuela y dar de guitarrazos para explorar el sonido, sin saber teoría ni nada. En un plantel me pueden enseñar jazz o esto y aquello. Cuantas más opciones de enseñanza haya es mejor, para explorar vetas. Desde mi trinchera me sumo a la oferta, en la que todos tenemos la oportunidad de decir: te voy a enseñar de esta manera”.

Marcovich empezó a estudiar a los cuatro años; tuvo un maestro que le enseñó las primeras pisadas de la guitarra. Ahora tiene más de 30 años como profesional. “Quien se mete a una escuela y pide que lo hagan músico, que lo formen, va a adquirir quizá un oficio, pero no el impulso de los creadores. Yo parto de que el alumno debe buscar dentro de su cabeza o de su corazón para acercarse a la propuesta educativa que le dé una respuesta.”

Un requisito elemental de los interesados en estudiar con él es “tener una experiencia mínima con el estudio, haber tocado algunas canciones, saber acordes o escalas. Hay gente que se me ha acercado y me dice que tiene un año de tocar la guitarra y hay otros que son egresados de guitarra clásica y que se interesan por mi estilo”.

Marcovich estudió guitarra clásica. Su formación es ortodoxa. “Yo mismo he tomado cursos con maestros que he elegido. Se trata de hallar la manera de impulsarse uno mismo. Estoy arrancando esto no como una escuela, en la que se imparta un diplomado para saber de armonía, por ejemplo. No. Soy yo con un discurso, una ideología, una trayectoria, con una técnica que me identifica. Hay quien quiere aprender más a improvisar, cómo usar las escalas, etcétera.”

–En su caso sí pesa su trabajo con Caifanes.

–Sí, claro, pero no se trata de decir que estuve en un grupo exitoso, que hizo muchos discos y llenó muchos estadios. Eso no basta, porque un cantante de moda puede interpretar muy bien, pero quizá no pueda dar una clase de canto, o haber sido músico marginal, desconocido, y ser el mejor maestro que puede ayudar a una persona a perfeccionar su arte. El maestro y el artista de éxito no necesariamente concuerdan.

Lo lúdico

“Hay una parte lúdica, empírica, no académica, al decir que me hice a mí mismo e inclusive hice un estilo. Hay quien desconfía o teme contaminar ese territorio virgen con lo académico. Se trata de corretear desnudo a las musas por el bosque”, agregó.

Para mayores informes (entrar en el blog respectivo): www.myspace.com/alejandromarcovich.com.

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